31/1/2026

EN: off-topic

In's & Out's en 2026

Internet puede ser guay.

Ainhoa Marzol —una persona que sabe de cultura de Internet— anunciaba hace unas semanas el cierre de su Substack Gárgola Digital, alegando que “el internet de 2026 no es un internet que pueda coexistir con un espacio como el que me gustaría que fuese este”. Razón no le falta y, paradójicamente, ese diagnóstico de la red es lo que me ha animado a mí a crear este espacio. Me niego a que ciertas dinámicas digitales se impongan y acabemos perdiendo todos. Así que, in memoriam y aprovechando que acaba enero, dejo mi listado de ins and outs de Internet en 2026. Y sí, reconozco que algunos de estos puntos pueden no ser excesivamente realistas y rozan la manifestación.

OUT

  • El brain rot. Fue coronada como palabra del año en 2024 según Oxford y, entendiendo su contexto, toca pasar página. Durante la pandemia fui el primero en incrustarme los auriculares y refugiarme en el Animal Crossing porque consultar cualquier medio de comunicación era abrumador y, en medio del caos más absoluto, refugiarse en el Among Us, prepararse para unas Olimpiadas de salón con Patry Jordan o cualquier otra herramienta de disociación estaban perfectamente legitimadas con tal de no tirarse por la ventana. La evasión, al igual que la ansiedad, es una estrategia de supervivencia comprensible en un contexto donde la catástrofe campa inmune a nuestra capacidad de acción, pero es un mecanismo excepcional. El brain rot no debería convertirse en la norma, especialmente en una realidad social donde la movilización ciudadana, aunque sea a través de la información, es fundamental. Tampoco es necesario estar continuamente leyendo a Proust, pero no nos podemos permitir vivir en la inopia permanentemente.

  • Los reels y cualquier vídeo corto en general. Nos estamos pasando con los vídeos para absolutamente todo. No hace falta que tengamos a ministros grabando tiktoks en sus despachos para explicar el BOE, diseñando discursos para que el corte de treinta segundos de una intervención parlamentaria se viralice o tropecientos «daily routines» completamente desconectados de la realidad. Teniendo la inmensa mayoría de los usuarios de Internet —por pura estadística1— más de tres lustros de vida y una tasa de alfabetización del 100% en el país —lo dice la UNESCO, no yo— es cuanto menos preocupante que sean necesarios vídeos de unos pocos segundos explicando un artículo periodístico, informe, ensayo o cualquier otra idea que requiera de una reflexión impropia de un formato audiovisual fugaz.

  • Los influencers2. La mercantilización de las redes sociales es probablemente el factor más determinante en la rotura de internet. El cada vez más numeroso grupo de usuarios que han conseguido levantar verdaderos imperios alrededor de sus redes sociales —además de amasar fortunas que hace no mucho parecían inalcanzables generando contenido online— tienen en sus manos un gigantesco poder blando. Más allá del tipo de contenido que generen o las marcas que patrocinen, su mera existencia perpetúa el medio en el que operan porque la supervivencia económica y social de estos usuarios está determinada por una relación de simbiosis con la red social de turno. Ya hemos visto cómo muchos influencers han abandonado Twitter/X sin problema, pero no ocurre lo mismo con Instagram o TikTok —que a día de hoy se han convertido en espacios que rezuman el mismo odio— porque suponen la verdadera fuente de sus ingresos. Mientras esto sea así, se seguirán publicando recetas sin escribir los ingredientes (porque si te tienes que ver el reel siete veces, mejor), explicando noticias en menos de 3 minutos (porque Instagram no prioriza los vídeos largos), obligándote a comentar para que te pasen un link (porque, aunque pueden usar el enlace de la biografía, es mejor engrosar el número de comentarios) y, en definitiva, haciendo la bola de mierda3 cada vez más grande mientras que el mensajito de publi, colaboración o ad es más y más pequeño.

IN

  • Los ordenadores. Más allá de una herramienta meramente laboral o para que los millennials hagamos compras importantes, el ordenador debería recuperar algo de protagonismo en nuestro ocio digital. A diferencia de los dispositivos táctiles, las interfaces para escritorio son bastante menos intuitivas, haciéndolas menos propensas al scroll infinito, y con una mayor inmunidad a las notificaciones. El ordenador es, por diseño, un dispositivo de creación, no solo de consumo. Montar un blog, editar un vídeo con más de tres segundos de contenido, escribir algo con un par de párrafos, programar, diseñar… todas estas actividades requieren un nivel de fricción que el móvil no ofrece. Y esa fricción no es un defecto, es una característica: te obliga a sentarte con intención, a dedicarle tiempo a algo. En el móvil es tremendamente fácil quedarte dos horas viendo reels, pero tremendamente difícil escribir un artículo. En el ordenador ocurre lo contrario. Esta diferencia marca fundamentalmente qué tipo de relación establecemos con internet: si somos participantes activos que generamos contenido y debate, o espectadores pasivos que consumimos lo que el algoritmo nos sirve.

  • El orden cronológico. Si antes mencionaba a los influencers como los principales culpables de que la cultura digital se haya convertido en lo que es hoy en día, lo cierto es que están sometidos a un poder superior al que se suele hacer referencia en los medios como un ente casi omnipotente: los sistemas de recomendación. El algoritmo. Del algoritmo se dice muchísimo, se entiende poco —entre otras, porque los sistemas de recomendación de las plataformas privadas son opacos— e, inocentemente, algunos creen que se puede dominar. Por desgracia, este sistema de perfilado de usuarios nos domina más a nosotros que viceversa, y es una realidad sobre la que hay muchísima literatura.4 Estas dinámicas de perfilado y pérdida de control son más difíciles de reproducir en un feed que respete el orden cronológico y con la mínima injerencia. Instagram, por ejemplo, permite volver a ver el feed en orden cronológico: solo tienes que tocar el ‘Para ti’ de la parte superior al inicio de la aplicación y elegir ‘Siguiendo’ para ver las publicaciones e historias por orden de publicación o ‘Favoritos’ para priorizar cuentas seleccionadas; eso sí, debes activarlo manualmente cada vez que abras la app. Seguirá siendo un batiburrillo de cosas entre anuncio y anuncio de Temu, pero algo mejor.

  • El fediversoGeeksforGeeks Image. Explicar qué es el fediverso no es sencillo —aunque se use por enésima vez el ejemplo del correo electrónico—, pero es imprescindible entender su diseño para no caer en la impresión de estar ante lo mismo de siempre. Esa sensación es completamente lógica si tenemos en cuenta que muchas redes sociales federadas replican en funcionalidad a las redes centralizadas. El fediverso es como se llama al conjunto de redes sociales que usan protocolos federados. El quid de la cuestión aquí es el protocolo: un protocolo es un conjunto de normas que definen cómo dos o más sistemas se comunican entre sí. En el caso de las redes federadas, permite establecer muchas instancias (servidores) de una red social y los usuarios de una instancia pueden intercambiar mensajes con los de otra. Cada instancia está alojada y gestionada por una o varias personas, hasta instituciones (algunas ONGs o la UE tienen instancias propias), y son independientes unas de otras, estableciendo sus propias normas.

    ¿Lo bueno? Si tu instancia decide virar a un modelo de moderación con el que no congenias, coges tus maletas y te mudas a otra. Tus seguidores van contigo y, en el caso del protocolo ActivityPub, —en teoría— tus posts también lo harán en breve. Este sistema por diseño democratiza la experiencia de la red social y hace imposible que magnates se hagan con el control del medio. Actualmente Mastodon, similar a Twitter, es la mayor red social federada. Aunque al principio la curva de aprendizaje pueda asustar, es cuestión de lanzarse. Sí, las redes sociales federadas pueden no estar igual de pulidas, precisamente porque no hay magnates arrojando billones para su desarrollo, y la base de usuarios sea menor, pero eso es responsabilidad individual. Los chicos de elfediverso han publicado una guía muy apañada aquí.

  • Hacerse un blog o consumir más blogs (wink, wink). También aceptamos newsletter como animal de compañía. El clímax de la independencia digital es tener tu propio rincón de Internet y, si en el punto anterior defendía el fediverso, lo ideal a la hora de crear un espacio propio en la red es tener el mayor control posible sobre él. Ya expliqué aquí por qué en Substack, lamentablemente, no es del todo posible. Hace poco se rumoreaba que Tumblr implementaría ActivityPub y, aunque personalmente creo que podría ser su salvación, no parece ser una prioridad de la compañía. Pese a que existen redes federadas para blogs como WriteFreely, a día de hoy ninguna se encuentra en un estado de maduración como para decantar la balanza frente a gestionar un blog o una web estática. Hay opciones muy sencillas y totalmente gratuitas donde, al menos, el control del diseño y contenido es absoluto.5

  • La piratería. El debate moral acerca de la piratería es un melón que ya abriré otro día, pero defiendo que esta práctica no es incompatible con apoyar económicamente la creación cultural, especialmente de medios independientes. Ahora bien, las plataformas de streaming —que surgieron y se popularizaron por hacer accesible el consumo legal de una inmensa cantidad de contenido audiovisual— han aprovechado su nueva posición dominante en el mercado para establecer unas normas de juego que distan de lo que promulgaron en un inicio. Cuando las prácticas de estas plataformas gigantescas sortean la ética, los usuarios están legitimados a actuar en consecuencia.

Footnotes

  1. Como curiosidad, el Instituto Nacional de Estadística realiza anualmente una Encuesta sobre Equipamiento y Uso de Tecnologías de Información y Comunicación, considerando como usuario frecuente a cualquier persona que se conecte a la Red al menos una vez a la semana durante los últimos tres meses. Tal vez el INE debería darle una vuelta a sus definiciones y adaptarlas un poco al siglo en el que vivimos.

  2. Not all influencers. O tal vez sí, si se entiende como influencer aquella persona que vive única y exclusivamente de sus redes sociales y cuyo contenido va únicamente enfocado a generar ingresos mediante publicidad indiscriminada. Hay otro tipo de usuarios relevantes —en cuanto a popularidad— a los que generalmente se mete en el mismo saco de forma errónea, bajo mi punto de vista. Hacer uso de las redes sociales, incluso con alguna que otra colaboración, de forma complementaria a tu actividad profesional principal no me parece excesivamente preocupante.

  3. Término que fue acuñado por el periodista Cory Doctorow para explicar la deriva de las grandes plataformas de Internet. Puedes leer más aquí.

  4. Ahmmad, M.; Shahzad, K.; Iqbal, A.; Latif, M.Trap of Social Media Algorithms: A Systematic Review of Research on Filter Bubbles, Echo Chambers, and Their Impact on Youth. Societies 2025, 15, 301. doi.org/10.3390/soc15110301

  5. Es posible hacerse un blog usando Jekyll o Astro y alojarlo en Github/Gitlab de forma gratuita. Este sitio web está hecho con Astro.

Esta entrada también está en Substack.