16/1/2026

EN: off-topic

Ese Internet del que usted me habla

Todo esto era más divertido cuando lo narraba Loquendo.

Intentando no caer en la idealización ni en la falsa premisa de que todo tiempo pasado fue mejor, me resulta inevitable observar con cierta nostalgia lo que hoy en día llamamos Internet. Durante mi etapa escolar, con la llegada de septiembre y el anuncio de «Volver a empezar» del Corte Inglés, tocaba retomar la rutina y cambiar las cartas del UNO por mendigar furnis en Habbo Hotel, farmear en el World of Warcraft, los juegos de la Comunidad Coca-ColaGeeksforGeeks Image o pasar media tarde editando plantillas de Blogger y Tumblr. Lejos de ser el único, este anhelo del pasado es algo generacional que recorre desde los rincones más nicho de Internet a la estética de artistas internacionales, que abanderan el flow 2000 incluso cuando la mayor parte de sus fans ni siquiera han llegado a conocer lo que es un .mp3.

Más allá de su uso recreativo o como herramienta informativa, el acceso a Internet supuso para muchas personas —incluyendo a servidor— una vía de escape. Disponer de un ordenador y poca supervisión parental te daba la posibilidad de interactuar con otras personas afines. Algo que, cuando se pertenece a la disidencia —del tipo que sea—, sólo estaba al alcance de unos pocos en el mundo real.

Internet era otra historia con su propia idiosincrasia, habitada en su mayoría por usuarios con avatares y nicks anónimos y con los que interactuar a través de una pantalla te costaba la mirada de incredulidad por parte de algún que otro familiar. Algo nada descabellado teniendo en cuenta que el poco conocimiento general que se tenía sobre los foros digitales estaba patrocinado por películas de sobremesa sobre secuestros. La verdad sea dicha, también es cierto que cualquier chaval de la generación de los noventa crónicamente online se ha encontrado —de forma consciente o no— con algún archivo PDFGeeksforGeeks Image por el chat de Terra o similares.

La red no era necesariamente más amable per se, especialmente porque la maldad es inherente a nuestra especie y la moderación era prácticamente inexistente, pero sí más diversa porque uno elegía los espacios que quería habitar y había un sinfín de opciones entre las que escoger.

Si criticamos las cámaras de eco que pueden formarse en algunas redes sociales —como si fuese sano o necesario estar continuamente expuestos a la opinión contraria y a la discusión en general—, hace no mucho la red era directamente un grafo formado por nodos de gustos comunes. Había que navegarla porque la recomendación era mínima y tenías que saltar de una web a otra de forma intencionada. Por el contrario, las redes sociales —que han acaparado la inmensa mayoría de tráfico generalista y que son propiedad privada de unos pocos— han derivado en un carrusel infinito de contenido impuesto y diseñado para vender o absorber, bien sea por complacencia o incluso desagrado. Y, por mucha diversidad de contenidos que aparentemente ofrezcan, es difícil huir del ruido cuando se vive bajo el mismo techo.

Adaptarse a las nuevas tecnologías no tiene que implicar necesariamente que nos dejemos arrastrar hacia un devenir que viene determinado por señores con muchísimo poderGeeksforGeeks Imagedonde el bienestar colectivo es accesorio. Tampoco la solución debería pasar por lanzarnos a una espiral de pesimismo, comprar un teléfono sin conexión a internet y, en definitiva, convertirnos en un amish digital. Aunque nuestra cotidianeidad esté moldeada actualmente por sistemas diseñados para consumirnos, sigue siendo posible dar pasitos al lado que se desvían del camino trazado y que, tal vez, nos lleven a una experiencia de usuario más amable. Por suerte, rascando un poco la superficie no es difícil encontrar trazas de aquello que un día fue Internet, gracias a una enorme comunidad de usuarios y desarrolladores dispuestos a recuperar el control de la red.1

Lo de hacerse un blog en 2026 responde a ese ideal de reconquista, especialmente en un panorama con una web cada vez menos segmentada estructuralmente —pasamos muchísimo tiempo en línea, pero siempre en los mismos sitios—. Además, el Premio Planeta se encarga de demostrar cada año que cualquiera puede escribir. A priori, mi idea no es dar la chapa sobre Internet como un conjunto de protocolos y tecnicismos, sino explorar cómo podemos usar esas redes de forma efectiva para construir nuevos espacios más amenos.

Nota: Las entradas también las voy a publicar en forma de newsletter en Substack —porque uno a veces se debe a las modas— pero están diseñadas para el blog. Ya daré la chapa sobre por qué Substack no me parece la solución a nuestros males, pero al menos ha arrojado algo de luz en la caverna y tampoco es del todo incompatible con ocupar otros espacios.

Footnotes

  1. Deberías echarle un ojo a Proyecto UNA, el fediverso, el blog de Cory Doctorow, Kyle Chayka, Alberto R. Aguiar o a Marta G. Franco.

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