Hace un tiempo me encontré con el proyecto Katalog de Barbara Iweins, una fotógrafa belga que, tras once mudanzas, decidió crear un registro de absolutamente todas las cosas que hay en su casa. Lejos de las corrientes minimalistas que animan a vivir con tres camisetas blancas y un cepillo de dientes1, Katalog lista 12.795 objetos que puedes filtrar por color, frecuencia o los que ella salvaría en un incendio… Una fantasía para un cotilla como yo.
Fruto también de esa curiosidad (
) innata, me he visto prácticamente todos los «qué hay en mi bolso» que existen en YouTube, aunque se hayan convertido, como todo, en un anuncio: libros impolutos, tres kilos de piedras mágicas2 y productos de cosmética que cuestan más que mi propia mochila… Quitando lo impostado o estrafalario —que entiendo son necesarios hasta cierto punto por guion— nadie lleva un stick para que no te rocen los muslos.
Los sistemas de recomendación y el abandono de los feeds cronológicos han desvirtuado por completo la experiencia digital de las personas, sepultándonos en cantidades indecentes de anuncios y objetos virales. El criterio3, una de las cosas que nos diferencia de las máquinas y entre nosotros mismos, desaparece de Internet.
Me resulta muy interesante cómo, según un caleidoscopio de diferentes principios, algunos objetos con el paso del tiempo se instalan en nuestras vidas por encima de otros que van y vienen (fruto también de una industria con necesidad de sacar colecciones efímeras). Me gusta la gente tiquismiquis que tiene cosas favoritas, que hace listas y las comparte. No por beneficio personal, simplemente por esa satisfacción tras el proceso de acierto y error hasta encontrar un «este sí que sí», para contarte ilusionado que ha descubierto el desodorante p-e-r-f-e-c-t-o o un antical para la mampara de la ducha que no te intoxica con olor a vinagre.
Quién sabe si el día de mañana hago un «qué hay en mi bandolerita del Uniqlo», pero hasta entonces, y si mi aversión innata a la constancia no me lo impide, he empezado aquí mi propia versión híbrida entre Katalog y el about de Javier. Ser consciente de la cantidad ingente de objetos que habrá por casa probablemente fulmine mi estabilidad mental y acabe forzándome a meterle fuego o al ostracismo en alguna cabaña del Pirineo Aragonés, así que únicamente voy a registrar poco a poco cosas que me han gustado. Bien en un momento puntual o aquellas a las que con el paso del tiempo he cogido cierto cariño y de las que no me gustaría despedirme, sin limitarlo únicamente a objetos físicos.
Si estás leyendo esto en Substack, allí no puede mostrarse, pero como la idea es continuar con el Kit de supervivencia digital, en breves publicaré un tutorial como el de Stremio pero explicando cómo hacer tu propio rinconcito digital y diseñarlo como te venga en gana. Hasta entonces, si quieres más listas de cosas te dejo:
- La newsletter de Gárgola Digital.
- El blog de Javier.
- Una colección de libros chulos y gratis.
- Una web donde puedes ver todas las obras que no están expuestas en el Prado.4
- Los Tiny Awards, que recogen todos los años las mejores páginas personales y proyectos de arte web. La ganadora de 2025 fue fifty thousand names
- El listín telefónico de webs, dispone de un libro físico, pero poniendo números al azar también se puede «llamar».
Footnotes
Ni confirmo ni desmiento que yo cada vez tiendo más a eso. O al menos lo intento. ↩
En esto gana por goleada Ana Taylor-Joy. ↩
Manera personal de juzgar las cosas, dependiente de la actitud en que se coloca el que juzga, de su manera de pensar, de su particular psicología, etc.
Diccionario María Moliner ↩Sí, esto lo he hecho yo, es un poco de spam. ↩
